Los análisis mensuales, remitidos por el Ejecutivo al Concejo, muestran parámetros en el límite, otros que lo superan y una presencia de arsénico que contradice un reciente comunicado municipal que aseguraba su ausencia total.
por Alejandro Iuliani
El agua potable es, quizás, el servicio público más sensible y vital. En Villa Constitución es brindado directamente por el Municipio, bajo la supervisión del ENRESS y con controles analíticos externos realizados por el Laboratorio de Estudios Ambientales de la UTN San Nicolás. Entre agosto y octubre de 2025, la Dirección de Aguas y Cloacas remitió al Concejo Municipal sendos informes que dibujan un panorama matizado: un sistema que funciona dentro de márgenes aceptables en muchos aspectos, pero que arrastra y presenta otros valores que exigen una mirada atenta y una explicación clara por parte de las autoridades.
Los números de la discordia: nitrato, sodio y un pH elevado
Los informes, de una frialdad técnica incontestable, revelan tendencias. El nitrato, un viejo conocido en la historia hídrica local que por años superó las recomendaciones de la OMS, hoy se mantiene generalmente en el límite del máximo permitido por la Ley Provincial N° 11.220 (45 mg/L). En agosto, muestras en Acevedo al 500 y el Tanque Principal marcaron 47 mg/L, rozando la transgresión. En septiembre y octubre, la mayoría de los valores bajaron a un rango de 30-40 mg/L, lo que indica una situación controlada pero que demanda vigilancia constante por sus efectos a largo plazo.
Otro parámetro que llama la atención es el sodio. El límite es de 300 mg/L. Sin embargo, en múltiples muestras de agosto y septiembre se registraron valores sistemáticamente superiores: 437 mg/L en el Tanque Parque Acindar (agosto); 421 mg/L en Córdoba al 500; 417 mg/L en el Tanque B° Palmar. Si bien en octubre se observa una mejora general, con la mayoría de las muestras por debajo del límite, la persistencia de valores altos en meses anteriores es un dato objetivo que afecta a personas con dietas restrictivas.
El pH también muestra desvíos. El rango ideal es entre 6,5 y 7,5. Varios tanques (Villa Don Carlos, Principal, Palmar) registraron en distintos meses valores de 7,7; 7,8 e incluso 8,0. Un agua alcalina no representa un riesgo agudo para la salud, pero puede indicar procesos de corrosión en cañerías o alteraciones en el tratamiento.
La contradicción del arsénico: el comunicado versus los análisis
El punto más delicado surge al cruzar los datos con un comunicado oficial emitido por la Municipalidad a raíz de la alarma nacional por arsénico en el agua. El texto, difundido para “llevar tranquilidad a la comunidad”, afirma de manera categórica: “No se registra presencia de arsénico en el agua potable de la ciudad”.
Los informes de la UTN cuentan otra historia. Sí se registra presencia de arsénico. En todas las muestras de agosto, septiembre y octubre donde se analizó este parámetro, hay valores cuantificables: 17, 19, 21, 37, 40 y hasta 48 µg/L (microgramos por litro). La buena noticia es que todos están por debajo del límite máximo permitido de 100 µg/L establecido por la ley provincial. La noticia problemática es la discrepancia entre un mensaje oficial de “ausencia total” y una realidad de “presencia dentro de los límites seguros”. Esta diferencia, más que técnica, es de comunicación pública y confianza. Minimizar o negar un parámetro que sí existe, aunque sea en niveles seguros, socava la transparencia.
Lo que sí funciona: bacterias, turbiedad y cloro residual
El panorama no es enteramente negativo. Los análisis muestran un sólido control microbiológico. Coliformes totales y fecales están consistentemente por debajo del límite de detección, al igual que la Pseudomonas aeruginosa, una bacteria que puede provocar infecciones graves. La turbiedad (transparencia del agua) también se mantiene dentro de los parámetros. El cloro libre residual, clave para la desinfección en la red, se detecta en niveles adecuados (aunque en algunos puntos de octubre estuvo muy bajo, como 0,20 mg/L en el Tanque Principal). Esto indica que el sistema de cloración funciona y la red se mantiene protegida de contaminaciones bacterianas.
En resumen, el agua de Villa Constitución no es, según los análisis oficiales, un riesgo inminente para la salud pública. El control microbiológico es eficaz. Sin embargo, los datos revelan un servicio que opera con algunos parámetros químicos (sodio, nitrato, pH) en la cuerda floja o que han superado los límites. Y, sobre todo, exponen una peligrosa desconexión entre el relato oficial de “ausencia de arsénico” y la realidad analítica de su presencia, aunque sea en niveles seguros.
Como en muchos otros aspectos, la transparencia no debilita la gestión; la fortalece. En un tema tan vital como el agua, los números deben hablar, y las autoridades, interpretarlos y comunicarlos con honestidad, sin edulcorar ni omitir. La vigilancia, al final, también debe ser ciudadana.
Alejandro Iuliani es periodista, actor y director teatral; editor del diario digital El Tigre de Papel y director de Radio X, de Villa Constitución (Santa Fe), emisora integrante de Cadena Regional.

