Mermeladas, budines y licores: el paso a paso de los talleres que buscan ayudar a la economía familiar

Villa Constitución

Desde mayo, la cocina del salón de la Parroquia Ntra.Sra. de Luján se convirtió en el epicentro de una serie de talleres que buscan dar herramientas para la economía familiar y fomentar emprendimientos. El espacio ofrece desde mermeladas y conservas hasta lácteos, budines y preparaciones con cítricos, dictados con una mirada puesta en la autonomía de los vecinos.

La cocina del Salón Parroquial hierve de actividad. Delantales, aromas a masa y grupos de vecinos que buscan aprender un oficio para sumar ingresos a sus hogares. Con la coordinación de Analía Chaparro, directora de Cáritas Luján, y el respaldo del padre Juan José Calandra, el espacio alberga desde mayo un ciclo intensivo de capacitaciones culinarias.

La propuesta abarca un abanico que va desde la elaboración de mermeladas, conservas y encurtidos, hasta la producción de lácteos como yogur, ricota y queso untable. En la actualidad, se encuentran dictando el tercer taller de budines y pan dulce. Aunque muchas de las clases están pensadas para resolverse en una sola jornada, la alta demanda obliga a multiplicar los encuentros: algunos talleres requieren hasta tres o cuatro fechas para abarcar a todos los inscriptos.

El verdadero objetivo de estas clases excede la simple receta. Chaparro explicó que la meta es brindar herramientas concretas para el sustento diario. “Algunos ya son emprendedores y fortifican su trabajo, otros se animan a vender”, señaló la directora. En ese camino, los participantes no solo aprenden a cocinar, sino que reciben acompañamiento en manipulación de alimentos, diseño de etiquetas y cálculo de costos, pasos fundamentales para salir a comercializar sus productos de manera formal y sostenible.

El padre Juan José Calandra es parte activa de esta iniciativa. Lejos de limitarse a la coordinación espiritual, el sacerdote se sumó a dictar el taller de licores, una práctica que inició con cítricos. “Empecé con el limonchelo, después naranchelo, quinoto, y algunas otras incursiones con banana, frutilla y menta”, contó. En ese sentido, destacó que en las clases se produce un intercambio de saberes constante, donde él comparte lo que sabe y aprende de otros colaboradores que aportan sus propias preparaciones. Eso sí, aclaró que estas bebidas requieren paciencia: el proceso de maceración demanda al menos 30 días antes de estar listas.

Para el párroco, la experiencia de abrir las puertas de la parroquia tiene un significado profundo que va más allá de la asistencia material. “De esto se trata: no solamente asistir, sino hacer tomar conciencia a las personas de que tienen capacidad para gestionarse y obtener los recursos”, expresó. Bajo esa premisa, explicó que la finalidad es poner en acción las capacidades de cada uno, un proceso que, aseguró, llena de alegría y se refleja en los rostros de quienes participan. “Es mejor enseñar a pescar antes que dar el pescado”, sintetizó.

Las clases de cocina no funcionan como compartimentos aislados, sino que se entrelazan. Las preparaciones de un taller terminan sirviendo para otro; por ejemplo, los licores de naranja se utilizan para macerar las frutas de los budines. Así se van combinando sabores y saberes.

El ciclo de talleres de este año tendrá su gran cierre en diciembre, en el marco de la celebración navideña de la parroquia. Allí, los participantes expondrán lo aprendido, ofrecerán sus productos para degustar y vender, y se despedirá un año de intenso trabajo. Si bien la planificación de 2027 quedará para más adelante, ya son muchos los que piden que se repitan los encuentros más exitosos, como el de conservas, mermeladas y licores.