«La patria no se vende»: multitudinaria protesta y durísima represión en el Congreso

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Miles de manifestantes expresaron su rechazo al proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada impulsado por el Gobierno de Javier Milei, desafiando la lluvia y la represión.

La Plaza del Congreso fue escenario anoche de una de las protestas más masivas de los últimos años. Bajo una persistente lluvia que no logró dispersar el ánimo combativo, miles de manifestantes —autoconvocados, sindicales, sociales y políticos— rodearon el Palacio Legislativo para rechazar el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada impulsado por el Gobierno de Javier Milei. La movilización fue reprimida con violencia por las fuerzas de seguridad, con un saldo de al menos 12 detenidos y decenas de heridos, mientras en el recinto el oficialismo lograba una ajustada media sanción por 37 votos contra 33, aunque con el proyecto sustancialmente despedazado. (ver nota aparte)

La convocatoria, que reunió a agrupaciones de la CGT, las dos CTA, el Movimiento Evita, Barrios de Pie y organizaciones de izquierda, superó todas las expectativas. La avenida Rivadavia se colmó de banderas argentinas, carteles con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” —convertida en símbolo de resistencia tras el gesto de la Selección Nacional en el Mundial— y pancartas que rezaban “No nacimos para ver la Patria en liquidación”.

Entre los manifestantes se destacó la presencia del gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien marchó junto a ministros, legisladores y Madres de Plaza de Mayo. “Milei quiere vender nuestro territorio, nuestra patria, la quiere partir en pedacitos”, declaró el mandatario, quien celebró que la presión social lograra la caída del capítulo sobre tierras pero advirtió: “Que lo hayan bajado no significa que no vayan a insistir”.

Los cánticos de “La patria no se vende” y las estrofas del Himno Nacional se mezclaron con arengas contra el ministro Federico Sturzenegger, a quien los manifestantes señalaron como el artífice del articulado más polémico.

El operativo de seguridad, a cargo de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura, se endureció progresivamente. Pasadas las 17 horas, los efectivos parapetados detrás del vallado comenzaron a disparar gases lacrimógenos, balas de goma y chorros de agua desde camiones hidrantes. La respuesta de las fuerzas desató escenas de caos: manifestantes corrían con los ojos irritados por el gas, mientras otros arrojaban objetos contra los patrulleros.

El saldo oficial del operativo fue de 12 personas detenidas y tres efectivos de las fuerzas de seguridad heridos, dos de ellos de gravedad tras recibir pedradas en la cabeza. Sin embargo, fuentes de los centros de salud consultados elevaron la cifra de heridos a más de 50, entre ellos periodistas y menores de edad.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, defendió el accionar policial y calificó a los manifestantes como “delincuentes anarquistas” que “alteran el orden de manera violenta” y son “enemigos de nuestro estilo de vida”. Por su parte, organizaciones de derechos humanos como el CELS anunciaron que presentarán denuncias por violación al derecho de reunión pacífica.

Protestas en todo el país

La réplica de la movilización se sintió en distintas provincias. En Córdoba, Rosario, Mendoza, Neuquén y Salta se registraron concentraciones que reunieron a miles de personas. En la Patagonia, la protesta tuvo un cariz ambientalista, advirtiendo sobre el impacto que la modificación de la Ley de Manejo del Fuego podría tener en bosques nativos y humedales.

El Gobierno nacional celebró la media sanción como un triunfo, aunque el costo político de la represión podría ser alto. Las imágenes de una multitud siendo reprimida a metros del Parlamento circularon por todo el mundo, y el hashtag #NoALaRepresión fue tendencia global.