Un nuevo conflicto estalló en el Municipio de Villa Constitución. Los siete agentes de planta permanente de la Dirección de Cultura firmaron una nota formal en la que denuncian una “grave situación de maltrato y destrato laboral, hostigamiento psicológico y persecución” por parte de Johanna Díaz Mansilla. La funcionaria, por su parte, reconoce diferencias pero asegura que no se trata de hostigamiento, sino del ejercicio de su responsabilidad de conducir y organizar un área con una dinámica particular y una agenda de actividades intensa.
El clima en el área de Cultura del Municipio de Villa Constitución se volvió irrespirable. Eso es lo que sostienen los siete trabajadores que integran la planta permanente de la Dirección de Cultura, quienes en un extenso documento dirigido a la Dirección de Recursos Humanos, con copia al intendente Jorge Berti y al Sindicato Independiente de Empleados Municipales (SIEM), detallan un cúmulo de situaciones que, según afirman, configuran un patrón de violencia laboral institucional.
La presentación no es una denuncia formal en sí misma, según aclaran los firmantes, sino una “solicitud de intervención preventiva” para “salvaguardar la salud psicofísica del equipo de trabajo y reestablecer un ambiente laboral digno”. Sin embargo, el listado de ítems que la acompaña pinta un panorama de profunda desazón y tensión en el sector.
La secretaria de Cultura, Educación e Innovación, Johanna Díaz Mansilla, consultada por este medio, no negó la existencia de un conflicto, pero lo enmarcó en un contexto completamente diferente. “En lo personal, soy una persona muy autoexigente, organizada y profundamente comprometida con la función pública. Trabajo muchísimo y asumí desde el primer día una responsabilidad muy clara: conducir un equipo y garantizar que el área funcione”, expresó la funcionaria.
El reclamo de los trabajadores: un patrón de hostigamiento y desvalorización
En su presentación, los empleados de planta permanente detallan una serie de conductas que atribuyen a la Secretaria. El primer punto que mencionan es la desvalorización del personal, al no respetar sus funciones según los cargos designados, sumado a una falta de asignación de tareas específicas acordes a su categoría y formación. Esto, denuncian, se combina con “modificaciones arbitrarias y cambios repentinos de tareas o pautas de trabajo sin justificación operativa, utilizados como mecanismos de presión o castigo”.
Esta situación se agrava, según el escrito, con la orden de cambios de espacios de trabajo de manera repentina, incómoda y sin aviso previo. Un punto que remarcan como especialmente grave es que estas decisiones se tomaron “sin la presencia, conocimiento y consentimiento del Jefe de División de la Dirección de Cultura”, lo que evidencia una falta de respeto a la estructura jerárquica y un aislamiento del personal.
“Abandono de personal en áreas cerradas al público (Museo) sin designación de funciones a pesar del reiterado pedido por parte de los agentes” y el envío de “mensajes y llamados referidos al trabajo fuera de horario laboral, fines de semana y feriados” son otras de las quejas que se suman a la lista. Además, acusan a la Secretaria de otorgar sus números personales de contacto a externos sin autorización previa.
Uno de los puntos que más resuena entre los trabajadores es la sensación de vaciamiento de funciones. Señalan que se sienten excluidos de las decisiones y proyectos habituales del área, y que sus roles están siendo ocupados por personal contratado (monotributistas). “Se está generando un vaciamiento de funciones que afecta a nuestra carrera administrativa o profesional, no respetando los cargos según estructura orgánica de la Dirección”, se lee en el documento.
La comunicación se presenta como otro gran escollo. Denuncian falta de comunicación y directivas precisas por parte de la Secretaría hacia el Jefe de División, así como “falta de indicaciones claras y precisas u omisión de datos en los pedidos de trabajo” para luego desmerecer los resultados obtenidos. El malestar se extiende a la gestión de horas extras, que según los firmantes se otorgan “en su totalidad a personal transitorio”, con amenazas posteriores al personal de planta por no trabajar fines de semana. El relato culmina con acusaciones de “trato discriminatorio”, “maltrato verbal con agravios y amenazas”, el envío a “espacios de trabajo insalubre” y la falta de intervención en situaciones críticas de salud. “Estas situaciones no constituyen un hecho aislado ni un conflicto de índole personal; es un patrón de conducta sostenido en el tiempo”, sentencian.
La visión de la Secretaria: organización, exigencia y una agenda ininterrumpida
Frente a este panorama, Díaz Mansilla ofrece una perspectiva totalmente opuesta. La funcionaria no habla de hostigamiento, sino de la necesidad de organizar un área que, por su naturaleza, tiene una dinámica particular que la diferencia de una oficina administrativa tradicional. “Tenemos actividades por la mañana, por la tarde y por la noche; hay eventos, actos y propuestas durante los fines de semana y los feriados. Para sostener esa agenda necesitamos compromiso, responsabilidad y equipos que puedan responder a las necesidades propias del área”, explica.
Esta dinámica, según su relato, es la que exige un nivel de compromiso y presencia que ella busca garantizar. “Cuando se intenta ordenar el funcionamiento, distribuir responsabilidades y pedir que las tareas se cumplan, pueden aparecer diferencias e incluso resistencias. Pero una diferencia respecto de cómo se organiza el trabajo no debería transformarse automáticamente en una acusación de persecución, maltrato o en un hostigamiento público”, sostiene, en una clara alusión a los señalamientos de los trabajadores.
Díaz Mansilla defiende su estilo de gestión, que califica como “exigente”, y asegura que ese nivel de autoexigencia comienza por ella misma. “Tengo una forma exigente de trabajar, empezando siempre por mí misma. Y si alguna persona considera que alguna decisión laboral que tomé fue equivocada, no tengo ningún inconveniente en que sea revisada por quien corresponda. Lo que no voy a hacer es renunciar a mi responsabilidad de conducir, organizar, trabajar y pedir que se trabaje”, enfatiza.
En sus declaraciones, la funcionaria también plantea una reflexión sobre el trato y la exposición. “También quiero ser cuidadosa porque detrás de todo esto hay personas. No voy a responder con agravios ni voy a exponer públicamente a ningún trabajador, aun cuando conmigo se haya elegido otro camino. Creo que las diferencias laborales deben discutirse y resolverse en los ámbitos institucionales”, manifiesta, en un llamado a la mesura y al diálogo interno. En este sentido, la Secretaria aclara que tres de los siete firmantes son delegados, “a los cuales se les ha hecho variadas propuestas de trabajo”.
Por otra parte, Díaz Mansilla pone el foco en los logros de la gestión y en el equipo que está trabajando. “El crecimiento que ha tenido Cultura a lo largo de estos años se ve en la cantidad de actividades, en los espacios recuperados, en las propuestas que llegan a distintos sectores e instituciones de la comunidad y en una agenda cultural cada vez más presente”, afirma. Reconoce el esfuerzo de muchos trabajadores y se compromete a seguir acompañando, escuchando y respetando, pero sin dejar de “conducir, organizar y exigiendo que las responsabilidades que cada uno tiene como servidor público se cumplan”.
Finalmente, ofrece una firme declaración de principios y una proyección a futuro: “Ese es el camino que queremos seguir profundizando: una Cultura presente, activa y cercana a la comunidad, que genere oportunidades y que siga creciendo. Porque gestionar también es hacer que las cosas sucedan, y nuestra responsabilidad es seguir trabajando para que ese crecimiento llegue cada vez a más vecinos de Villa Constitución”.
Un conflicto profundo y una solicitud de intervención urgente
Cabe mencionar que el documento presentado por los trabajadores no se limita a enumerar agravios, sino que también relata el impacto humano de esta situación, hablando de “estrés generalizado, angustia y desmotivación, impactando directamente en la salud de los agentes y en el normal funcionamiento del servicio público”. De hecho, mencionan que ya hay registros de estas situaciones en el área de Salud Laboral, en Recursos Humanos y en el Sindicato.
La solicitud formal a la Dirección de Recursos Humanos es clara: piden que se tome conocimiento de los hechos, que se arbitren los medios para una “instancia de escucha, relevamiento o mediación institucional”, que se evalúen medidas de resguardo para evitar represalias, y que se dé participación al área de Salud y Seguridad en el Trabajo para evaluar el “impacto ambiental y psicológico en el sector”, manifestando que cuentan con pruebas que documentan lo expuesto.
El futuro del área y sus trabajadores
El cruce de posturas evidencia una profunda fractura en el seno de la Dirección de Cultura. Mientras los trabajadores de planta permanente denuncian un clima de persecución y violencia psicológica que compromete su salud y su desarrollo profesional, la máxima autoridad del área defiende su gestión como un esfuerzo legítimo por organizar, exigir y cumplir con los objetivos de una Secretaría que, por su propia naturaleza, demanda un esfuerzo constante.
El pedido de intervención de los trabajadores deja ahora la pelota en terreno de la Dirección de Recursos Humanos y del propio Intendente, quienes deberán definir los pasos a seguir para destrabar el conflicto, garantizar un ambiente laboral saludable y, al mismo tiempo, asegurar la continuidad y el crecimiento de la agenda cultural. En ese contexto, la respuesta a esta solicitud será clave para determinar si las diferencias pueden canalizarse institucionalmente o si el conflicto escalará a instancias de mayor tamaño.

