El fútbol: tierra fértil para la crispación y la violencia desmedida | por Pablo Martínez

Opinión

La desgracia del último fin de semana, en el marco de una final de la Liga Cañadense, donde un policía perdió la vida tras una agresión salvaje, vuelve a poner en el ojo de la tormenta al deporte más popular de todos. Es que los incidentes en las canchas de fútbol se multiplican cada fin de semana y no son ajenos al clima de violencia que reina a diario en la sociedad.

Los protagonistas canalizan en la competencia muchas de las frustraciones que acumulan durante el resto de la semana. En numerosas ocasiones existe una historia previa que desencadena el hecho en sí; no se trata solamente de un ataque de locura. Quienes actúan de manera violenta suelen suponer que, por mano propia, están haciendo justicia.

Pero la situación se desborda y se transforma en barbarie cuando existe una intención grupal de generar desmanes, como ocurrió semanas atrás en el clásico de Maciel o en Empalme Villa Constitución. El fútbol regional viene siendo noticia en los últimos meses por los graves incidentes que se suceden jornada tras jornada, sin solución de continuidad.

Las competencias que organiza la Rosarina tampoco están exentas de estos episodios. La agresión de un jugador de 7 de Setiembre a un árbitro, que se viralizó en las redes sociales, generó un importante llamado de atención dentro de los clubes de la liga.

La sanción al futbolista fue dura y así la Asociación Rosarina de Fútbol intentó, como lo viene haciendo desde hace varias temporadas, ponerles un límite a los violentos. Sin embargo, la violencia sigue latente y muchas veces se contiene gracias a la buena predisposición de los dirigentes, en primer lugar, y de los técnicos y jugadores, después.

La sensación es que la mecha está cada vez más corta y que las previsiones a futuro no son alentadoras. Más aún si se tiene en cuenta que todavía no son épocas de definiciones de torneos, instancias en las que las pulsaciones suelen estar al máximo y donde “una llama que se prende puede terminar en un incendio imparable”.

El fútbol termina siendo la excusa para los violentos. Una sanción arbitral discutida, las provocaciones entre jugadores antes —a través de las redes sociales— y durante el partido generan un clima de crispación permanente. No existen soluciones mágicas para terminar con esta locura; la concientización aparece como la única alternativa posible.


Artículo originalmente publicado en Cadena 3 Rosario