El año 2026 encuentra al sector metalúrgico de Santa Fe en una encrucijada crítica, soportando el mayor peso de una crisis laboral que afecta a la industria provincial. Según los registros del Ministerio de Trabajo, la provincia arranca con 3.936 trabajadores suspendidos en 44 empresas, y más de la mitad de estos establecimientos pertenecen a la actividad siderometalúrgica, evidenciando el profundo impacto de la caída del mercado interno, la apertura importadora y las tensiones cambiarias.
Con 26 empresas operando bajo el amparo del artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, el sector metalúrgico aparece como el más comprometido. Este mecanismo, que permite acordar suspensiones y reducciones salariales con el sindicato, se convirtió en un paraguas frecuente para paliar la crisis, aunque a costa de la estabilidad de los trabajadores. El rubro de vigilancia privada le sigue, con ocho establecimientos afectados, pero a considerable distancia.
El secretario de Trabajo provincial, Julio Genesini, confirmó la gravedad del panorama en declaraciones al diario La Capital. Aunque la cifra actual está muy por debajo del pico de más de 11 mil suspensiones registrado a mediados de 2024, Genesini admitió que “no se ven señales que permitan avizorar un cambio de tendencia en el nuevo año”. El funcionario describió un 2025 “muy heterogéneo”, donde la recuperación de algunos rubros contrastó con fuertes caídas en otros, particularmente en la industria, que sufrió una baja del 2.2% en el empleo registrado hasta septiembre, últimos datos disponibles.
Para el secretario de Trabajo, el cambio de año “no trajo alivio ni profundizó” la compleja situación. Aunque se mostró cauto al hacer pronósticos para 2026, su diagnóstico fue contundente: “no se ven señales de un cambio de escenario”. La menor demanda, la invasión de productos importados y las tensiones cambiarias continúan condicionando las decisiones de inversión y contratación, dejando a los trabajadores metalúrgicos y a su industria en un estado de alerta permanente.
Un caso emblemático es el de ArcelorMittal Acindar, que renovó el acuerdo marco con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Villa Constitución para mantener un régimen de suspensiones rotativas, activables según las necesidades productivas de la planta. Una medida que sintetiza la precaria adaptación de la industria pesada a un escenario de demanda deprimida e incertidumbre económica.
Mientras la metalurgia lucha por mantener sus puestos de trabajo, otros sectores muestran una evolución más positiva. Genesini destacó el crecimiento interanual en el empleo registrado para el personal de la salud (cerca del 10%) y para la construcción (5.8%), este último aliviado en parte por la obra pública provincial. El comercio, sin embargo, solo registró un leve incremento del 1%.
La situación de Acindar
En medio de este contexto complejo, Acindar reanudó la producción de acero en su planta de Villa Constitución, tras una extensa parada. Según indicaron fuentes sindicales, cerca de 600 trabajadores ya retomaron sus tareas en los trenes laminadores y en la acería. No obstante, el área de Reducción Directa (ReDi) continúa sin operar debido a un conflicto gremial específico por pagos pendientes.
Según lo pactado, se espera que la producción se mantenga garantizada durante los meses de enero y febrero, para luego realizar una nueva evaluación en marzo. Paralelamente, la empresa y el sindicato mantendrán reuniones en las próximas semanas para avanzar en las negociaciones paritarias correspondientes al período actual.

