El General José de San Martín y la Educación | por Miguel Ángel Brusasca

Opinión

“La Educación y el Fomento de las Letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los Pueblos… Yo deseo que todos se eduquen en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres” – Gral. José de San Martín y Matorras. (Santiago de Chile, 25 de Junio de 1817)

   El abordaje de un tema referido al bagaje cultural que atesora una persona a lo largo de su vida y que además lo transmite asumiendo la calidad de maestro, es un desafío que requiere tener en cuenta los factores históricos y sociales que influyen directamente en la formación cultural de la referida persona o actor en cuestión.

   Por eso es válido expresar, que algunas veces, nuestra inclinación a prejuzgar de manera apresurada a nuestros semejantes puede hacernos incurrir en lamentables errores, no sólo en cuanto a hechos y comportamientos, sino también errores de corte histórico; según sea el protagonista a considerar.    

   Esto que acabamos de expresar se ajusta perfectamente a la figura del general don José San Martín, ya que por un razonamiento lógico nos resulta más fácil referirnos a su trayectoria profesional como militar, antes que interpretar el valor de sus importantes acciones culturales en América en beneficio de las letras, las ciencias exactas y la lectura.

   San Martín, fue un hombre que durante las dos décadas en las cuales se desempeñó como soldado del Ejército Real de España, transitó por múltiples rutinas cuarteleras y por el aprendizaje del arte de la guerra. Pero, también, asistió a exigentes academias teóricas, en las cuales acopió sólidos conocimientos en matemática, física y otras ciencias aplicadas.

   Esta preparación áulica llevó al joven soldado a dedicar una buena parte de su tiempo para leer y estudiar con esmerada atención los fundamentos de tales cátedras, lo cual redundó en una fuerte atracción por los libros, -no sólo aquellos con contenidos científicos y militares-, sino también muchos otros que versaban sobre ciencias sociales, filosofía, política y hasta del arte de la agricultura.

   Así, mientras San Martín ascendía en la jerarquía militar del ejército real, su inclinación hacia la lectura lo llevó a atesorar y a conformar una destacada biblioteca personal compuesta de casi un millar de libros, los cuales fueron -años más tarde- su equipaje más preciado mientras recorría las rutas de América del Sur forjando su independencia.

   Una vez obtenida la baja del ejército real y tomada la decisión de volver a las tierras del Plata, esos preciados volúmenes fueron los que viajaron junto a San Martín desde Europa hasta Buenos Aires y desde allí a Cuyo, para luego pasar a Chile y más tarde llegar al Perú. En ese tránsito, por ejemplo, fue cuando Mendoza vio nacer su Biblioteca Pública y el Colegio de la Santísima Trinidad.

   También Santiago de Chile, -gracias a San Martín-, fue testigo del nacimiento de su Biblioteca Popular, creada puntualmente para la ilustración y el fomento de las letras; concretando más tarde otro logro al decretar en Lima la adopción del Sistema Lancasteriano de Educación en todos los colegios y fundando, además, una Biblioteca Pública la cual donó todos sus libros.

   A los fines de establecer una somera cronología acerca de su accionar en el plano cultural, es muy importante destacar como punto de partida de la misma el año 1812.- Precisamente, en dicho año crea el Regimiento de Granaderos; donde San Martín no dejó de observar que los valores y la formación moral y pedagógica del soldado, son tan importantes como su desempeño en la guerra.

   De allí, que el Código de Honor de los Granaderos, -redactado en la oportunidad a los fines de reglar la disciplina y el comportamiento de oficiales y soldados-, sea una pieza magistral, donde se destacan lineamientos profundamente humanísticos, los cuales analizados en perspectiva histórica podrían ser adoptados prácticamente sin observaciones en nuestros días.

CODIGO DE HONOR DEL REG. DE GRANADEROS

Delitos por los que deben ser arrojados los oficiales:

  • 01) Por cobardía en acción de guerra, en la que aún el agachar la cabeza será reputado tal.
  • 02) Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.
  • 03) Por no exigir una satisfacción cuando se halle insultado.
  • 04) Por no defender a todo trance el honor del Cuerpo cuando lo ultrajen en su presencia, o sepa ha sido ultrajado en otra parte.
  • 05) Por trampas infames como de artesanos.
  • 06) Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se le haya suministrado para ella.
  • 07) Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros Cuerpos.
  • 08) Por publicar las disposiciones interiores de la oficialidad en sus juntas secretas
  • 09) Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.
  • 10) Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.
  • 11) Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro.
  • 12) Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.
  • 13) Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.
  • 14) Por hacer uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del Cuerpo.

   En realidad, podría decirse que la primera clase de San Martín como maestro se da en Córdoba cuando un peón criollo se le queja porque el capataz, “un godo”, le ha dado unos rebencazos para castigar una falta. San Martín le expone sus ideas al respecto de lo que deben ser la dignidad y las libertades humanas y por supuesto también los deberes. Expresando en la oportunidad: ¡¡¡Esta es una revolución de carneros!!!

   Días después, el capataz repite su mal trato con el peón y éste responde con gran firmeza a la agresión, poniendo al agresor en su lugar. Como puede apreciarse, el alumno ha aprendido la lección; la escuela sanmartiniana de los buenos consejos empezaba a dar sus resultados. A partir de allí, San Martín será siempre el maestro que aplicará el mejor método pedagógico de todos los tiempos: el del ejemplo.

   Ya en Mendoza, en 1814, para cumplir funciones de Gobernador de la Región de Cuyo, una de sus primeras medidas en el lugar es la inmediata supresión de la degradante pena de azotes que regía como castigo en las pocas escuelas existentes. Disponiendo además, por suscripción pública, la creación del Colegio de la Santísima Trinidad.

   A los fines de fomentar en el pueblo sólidos sentimientos patrióticos, organiza grandes reuniones populares donde se exaltaban la música y la danza, pero eso sí, suprimiendo de manera categórica el expendio de bebidas alcohólicas en las pulperías y almacenes los días sábados y domingos cuando tenían lugar tales funciones. 

   En cuanto a su valoración acerca de la tarea de los educadores, es importante recordar la notable proclama dirigida a los maestros y preceptores de la Región de Cuyo, en la cual en una de sus partes el general San Martín escribió: “…La educación formó el espíritu de los hombres. La naturaleza misma, el genio, la índole, ceden ante la acción fuerte de esta admirable herramienta de la sociedad…”

   Para agregar: “…La libertad, ídolo de los pueblos libres, es aún despreciada por los siervos porque no la conocen. El destino de ustedes, preceptores y maestros, los obliga íntimamente a suministrar estas ideas a sus alumnos. Recuerden que esos tiernos renuevos, dirigidos por mano maestra, formarán algún día una nación culta, libre y gloriosa…”

   La pedagogía de San Martín es la pedagogía de la libertad por la cultura y el saber. En tal sentido, apenas organiza la explotación de su chacra Los Barriales, destina el tercio de lo producido por dicha finca “para la dotación de una Cátedra de Matemática y Geografía” en el colegio de Mendoza.

   Es interesante destacar que el 1er. testamento de San Martín, dictado en 1818 en Mendoza; además de instituir como su heredera universal a su esposa, dispone también: “Que la librería que actualmente posee y ha comprado con el fin de que se establezca en esta capital una biblioteca, quede destinada a dicho fin y se lleve a cabo su pensamiento”.

   Este accionar se repite en Chile, cuando dispone que los diez mil pesos fuertes que le asigna el Cabildo de Santiago para gastos de viaje, sean íntegramente utilizados en la creación de una biblioteca pública.  

   Oportunidad en la cual expresa: “La educación y el fomento de las letras son la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos”.

   Como Protector del Perú organiza la Biblioteca de Lima a la cual dona todos sus libros. Aquí, para impulsar la educación promulga el decreto por el cual dispone incorporar en las escuelas peruanas el sistema Lancasteriano de Educación; expresando que lo hace: “…a los fines que todos se eduquen en los sagrados derechos que forman la conciencia de los hombres libres”. Reiterando una actitud que ya había manifestado en Mendoza, como fue prohibir de manera terminante en todo el Perú la pena de azotes con que eran castigados aquellos alumnos que a juicio de sus preceptores no rendían los suficiente o se equivocaban en sus lecciones.

   Ya fuera de la escena militar y política de América, en San Martín sigue subsistiendo el maestro, pues todavía tiene que cumplir aquel íntimo deseo suyo de: “…Buscar un rincón donde vivir el resto de mis días entregado a la educación de mi hija…”… Y esa oportunidad se le presenta en los tiempos de su ostracismo en el Viejo Continente.

   Es en Bélgica donde el veterano general, -devenido en maestro-, para no desviarse del camino trazado, redacta para sí una guía profundamente humana, una guía que gracias a la certeza y brevedad de sus conceptos es un documento histórico de gran relevancia. Hablamos de las “Máximas para mi hija”, escritas en 1825.-

MÁXIMAS PARA MI HIJA

  • 1°) Humanizar el carácter y hacerla sensible, aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca, abriéndole la ventana para que saliese: “Anda pobre animal el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.
  • 2°) Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
  • 3°) Inspirarla una gran confianza y amistad.
  • 4°) Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
  • 5°) Respeto sobre la propiedad ajena.
  • 6°) Acostumbrarla a guardar un secreto.
  • 7°) Inspirarla sentimiento de indulgencia hacia todas las religiones.
  • 8°) Dulzura con los criados, pobres y viejos.
  • 9°) Que hable poco y lo preciso.
  • 10°) Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
  • 11°) Amor al aseo y desprecio al lujo.
  • 12°) Inspirarla amor por la Patria y por la libertad.

   San Martín, fiel a sus normas de vida; “…Prefirió dejar a su hija instruida, antes que dejarla rica…”. Porque según él, “… Las esperanzas del que sabe valen mucho más que las riquezas del que ignora…”. Por eso, fue un maestro admirable. Porque enseñó con el ejemplo y jamás impuso a sus semejantes sacrificios que él mismo no hubiera hecho.

   Porque además, el Padre de la Patria, enseñó para su tiempo y para la posteridad, dejando bien en claro que el renunciamiento y la entrega es la más elevada lección moral que un educador puede dar a la sociedad. Y es allí, sin dudas, DONDE NACE LA GRANDEZA DE SAN MARTÍN COMO MAESTRO.

Miguel Ángel Brusasca es el Presidente de la Filial Provincia de Santa Fe del Instituto Sanmartiniano del Perú (ISMP); y Coordinador General de Filiales del ISMP en la República Argentina.

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