Santa Fe pone límites al uso de celulares en las aulas: adiós al recreo digital

La Provincia

La provincia impulsa una regulación histórica que prohíbe los teléfonos en nivel inicial y primario, y los restringe en secundaria solo a actividades pedagógicas. La medida busca recuperar la concentración, proteger la salud mental y combatir riesgos digitales como el grooming o la ludopatía online.

El sonido del timbre que marca el recreo ya no irá acompañado del silencio absorto de decenas de estudiantes con la mirada fija en una pantalla. Al menos, no en las escuelas santafesinas. El Ministerio de Educación de la provincia decidió trazar un límite claro: desde ahora, el uso recreativo del teléfono celular queda fuera de las aulas y los patios escolares.

La medida, enmarcada en el flamante Programa de Educación Digital, establece restricciones progresivas según el nivel educativo. En inicial y primaria, los dispositivos no podrán utilizarse durante toda la jornada escolar —clases y recreos incluidos—, mientras que en secundaria su uso quedará circunscripto exclusivamente a instancias pedagógicas planificadas y supervisadas por docentes. En ningún caso, advierten las autoridades, el teléfono será un pasatiempo dentro del establecimiento.

“Nosotros no vinimos a ser conservadores, vinimos a cambiar la realidad”, sentenció el gobernador Maximiliano Pullaro durante la presentación oficial en el Salón Blanco de Casa de Gobierno. Con una frase que sintetiza el espíritu de la iniciativa, Pullaro defendió la necesidad de que el Estado asuma un rol activo frente a una problemática que atraviesa a toda la sociedad: el impacto de la tecnología en la formación de las infancias y juventudes.

Un problema que excede lo escolar

Las autoridades aclararon que la decisión no surgió de un diagnóstico improvisado. Detrás de la normativa hay estudios nacionales e internacionales que encienden alarmas: uso intensivo de pantallas en edades tempranas, dispersión de la atención, dificultades para la concentración sostenida y, en los casos más graves, exposición a riesgos como el ciberacoso, el grooming, la sextorsión o las apuestas online.

“La idea es que se demore el acceso al primer teléfono propio”, explicó el médico psiquiatra Lucas Raspall, coordinador del programa, al fundamentar la prohibición en los niveles inicial y primario. La iniciativa no se limita a vetar, sino que propone un abordaje integral: las familias podrán decidir si sus hijos llevan o no el dispositivo a la escuela, pero lo que no podrán es usarlo durante la jornada. El mensaje es claro: el recreo es para jugar, conversar, moverse, no para deslizar el dedo sobre una pantalla.

En el nivel secundario, en cambio, el enfoque es el de la regulación consciente. Los celulares podrán ingresar al aula únicamente cuando formen parte de una actividad pedagógica previamente autorizada por el equipo directivo. Fuera de esos momentos, las escuelas deberán establecer pautas de guardado —en mochilas, armarios o espacios designados— y promover, además, recreos libres de pantallas.

Tecnología con sentido crítico

Lejos de demonizar lo digital, el programa apuesta a una alfabetización que forme usuarios responsables, éticos y creativos. “Saber usar un celular de manera segura se aprende”, remarcó Raspall, quien adelantó que se capacitará a docentes de los tres niveles obligatorios y se distribuirá material didáctico para que el tema llegue a todas las aulas, desde matemática hasta lengua.

El ministro de Educación, José Goity, reconoció que la medida representa “un desafío” para el sistema, porque “las escuelas están atravesadas por esta problemática”. Pero insistió en la necesidad de formar a niños y niñas para un uso seguro dentro de la alfabetización digital. En esa línea, la provincia sumó como socios estratégicos a especialistas de Grooming Argentina y Faro Digital, organizaciones con trayectoria en la prevención de violencias en entornos virtuales.

Alertas tempranas y acuerdos de convivencia

Uno de los pilares más innovadores del programa es la creación de un Sistema Provincial de Alerta Temprana en Riesgos Digitales Escolares, que articulará con equipos socioeducativos, áreas de salud, justicia y protección de derechos. El objetivo es detectar de manera precoz situaciones como grooming, ciberbullying, estafas online o ludopatía digital, problemáticas que ya no pertenecen al mundo adulto exclusivamente.

Las escuelas, por su parte, deberán incorporar estas pautas en sus acuerdos de convivencia. Allí se definirán reglas sobre el guardado de los dispositivos, los canales de comunicación con las familias y las responsabilidades ante eventuales pérdidas o daños. Ante incumplimientos, se priorizará un enfoque formativo y restaurativo por sobre el punitivo: la idea es que el estudiante reflexione y repare, no que sea sancionado sin más.

Las familias también tendrán un rol activo. Se las invitará a participar en instancias de diálogo con las escuelas y a firmar una carta compromiso al inicio del ciclo lectivo, como forma de acompañar el uso responsable de la tecnología por parte de los estudiantes.

Excepciones y mirada a futuro

La normativa contempla excepciones para casos específicos: estudiantes que necesiten el dispositivo por razones de salud o para garantizar condiciones de accesibilidad vinculadas a discapacidades. En esos casos, el uso estará permitido bajo las condiciones que cada institución acuerde.

La provincia de Santa Fe se suma así a un movimiento que ya tiene antecedentes en otros distritos. La semana pasada comenzó a regir en la provincia de Buenos Aires una ley que prohíbe el uso de celulares en escuelas primarias, sancionada en septiembre de 2025. Santa Fe va un paso más allá al incluir también el nivel secundario con criterios pedagógicos claros.

“Los cambios generan tensión y molestias, pero terminan impactando positivamente en la vida de la gente”, resumió Pullaro, convencido de que la discusión sobre la tecnología en las aulas es una deuda que el Estado debe saldar con políticas públicas transformadoras.

En las escuelas santafesinas, el desafío ya está en marcha. La pregunta que queda flotando, puertas adentro de cada aula, es si la ausencia del teléfono logrará devolverles a los chicos algo que, sin darse cuenta, habían perdido: la atención plena, la conversación espontánea, el juego compartido. O, simplemente, el derecho a aburrirse sin una pantalla de por medio.