Estafas virtuales: la advertencia policial para no caer en la trampa de los ciberdelincuentes

Villa Constitución

El jefe de la Agrupación Orden Público de la Unidad Regional VI, Adrián Oherli, recomendó verificar la identidad del vendedor y hacer un seguimiento cruzado de las cuentas antes de pagar una seña. Las denuncias crecen en la ciudad y la investigación de los casos suele chocar contra el anonimato de las redes.

A la hora de reservar un alojamiento para el verano o de cerrar una compra por redes sociales, las autoridades policiales de Villa Constitución recomiendan una pausa previa. El paso que más problemas genera, según el jefe de la Agrupación Orden Público de la Unidad Regional VI, Adrián Oherli, es el depósito de una seña o el pago total sin haber comprobado quién está del otro lado de la pantalla.

El funcionario señaló que el fenómeno de las estafas virtuales se multiplicó y que el foco suele ponerse en la temporada de vacaciones. Los anuncios aparecen en Facebook, Instagram, otras redes sociales o directamente a través de llamadas telefónicas. El interesado se comunica, pacta una operación y transfiere el dinero. Después, el supuesto proveedor corta todo contacto y desaparece con el dinero.

Una de las variantes que describió Oherli es la suplantación de identidad de empresas reales. Los estafadores toman el nombre de firmas legítimas para dar una apariencia de seriedad y lograr que la víctima depósito la plata. El jefe policial aclaró que esta metodología delictiva es muy distinta al trabajo de los comercios que realmente venden productos o servicios por internet.

Para evitar caer en la trampa, Oherli sugiere un mecanismo de control básico: buscar al proveedor en otra red social y contar con un contacto fehaciente antes de transferir cualquier monto. Si no hay forma de verificar la existencia real de la empresa, la recomendación es directamente no contratar.

El laberinto de la investigación

Cuando la estafa ya se consumó, el camino no es sencillo. Las denuncias se derivan a la Policía de Investigaciones (PDI), que trabaja bajo la órbita del Ministerio Público de la Acusación. Oherli reconoció que estos procesos demandan mucho tiempo y que los resultados no siempre son los esperados, debido a la complejidad del ilícito.

El problema de fondo es que las organizaciones delictivas detrás de estas maniobras no necesariamente operan desde la ciudad ni siquiera desde la provincia. Esa distancia geográfica complica el rastreo del origen de las operaciones y la obtención de pruebas que permitan imputar a los responsables.

En la faz técnica, los investigadores se topan con múltiples barreras: el rastreo de las direcciones IP de los equipos utilizados, el seguimiento de las transacciones financieras, el cambio constante de números telefónicos y el uso de “cuentas fantasma”, cuyos titulares son muy difíciles de identificar.

El jefe policial aclaró que, a pesar de las dificultades, se han realizado procedimientos con resultados positivos. Sin embargo, fue contundente al describir la complejidad del delito: “En materia de labor policial, es muy difícil llegar a los autores de estos hechos”. Por eso, su mensaje final vuelve al punto de partida: comprobar la identidad del proveedor antes de contratar o transferir dinero es la única barrera realmente efectiva.