Lo que parece una inocente golosina es en realidad una dosis concentrada de nicotina sintética. Su uso crece en redes sociales y su compra no tiene restricciones. Neumonólogos alertan sobre los riesgos de un producto que aprovecha un vacío legal para instalarse en el mercado: “Están diseñadas para generar dependencia antes de que la víctima se dé cuenta”.
La lucha contra el tabaquismo suma un nuevo frente inesperado. Mientras las campañas de concientización y las restricciones legales lograron reducir el consumo de cigarrillo tradicional, la industria parece haber encontrado una puerta de entrada diferente: pequeñas bolsitas de nicotina saborizadas que ya se consiguen en kioscos y se pueden comprar a través de las redes sociales.
Se trata de las nicotine pouches o bolsitas de nicotina, un producto que, aunque existe desde hace años en otros mercados, experimentó un desembarco masivo en Argentina durante el último tramo de 2025. Su presentación colorida, sus sabores dulces y la ausencia de olor las convierten en un artículo peligrosamente atractivo, especialmente para adolescentes y jóvenes.
“Tienen un packaging simpático y están más cerca de las golosinas que del sector del tabaco, lo que constituye una manera peligrosa de confundir”, advierte Daniel Buljubasich, médico neumonólogo y especialista en tabaquismo, en un artículo recientemente publicado por Rosario 3.
A simple vista, podrían confundirse con caramelos o chicles. Pero en su interior contienen nicotina sintética, una sustancia desarrollada en laboratorio que genera el mismo efecto adictivo que la nicotina proveniente de la planta de tabaco. La diferencia es clave desde lo comercial: al no contener tabaco, estos productos quedan por fuera de las regulaciones que rigen para los cigarrillos convencionales.
“Lograron desarrollar nicotina sintética, lo que les permite venderlo como si fuera un producto sin nicotina. Esa es la trampa”, explica Buljubasich. La aclaración no es menor: lo que no tienen es nicotina de la hoja, pero la sustancia adictiva está igualmente presente.
El modo de consumo también resulta engañoso. La bolsita se coloca entre la encía y el labio, y desde allí libera nicotina de manera directa y veloz. Los envases suelen contener 15 o más unidades, lo que facilita el consumo repetido y aumenta la exposición a una de las sustancias más adictivas que se conocen.
Sabores pensados para seducir
Detrás de cada sobre hay un estudio de mercado minucioso. La industria tabacalera ya no solo vende un producto: vende una experiencia sensorial diseñada para generar adherencia. Los sabores dulces, frutales o de caramelo no son casualidad, sino una estrategia deliberada para captar público joven.
“Ellos estudian cuáles son los sabores que más impactan de acuerdo a las edades y los lugares. Está todo pensado”, señala el especialista.
Y el resultado empieza a verse: en redes sociales circulan videos de jóvenes mostrando sus colecciones de bolsitas, comparando sabores y recomendando marcas. El fenómeno crece al amparo de una percepción errónea: al no producir humo ni olor, muchos creen que se trata de un producto inofensivo.
Los riesgos silenciosos
La nicotina, sin embargo, no perdona formatos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que su consumo aumenta la presión arterial, acelera el ritmo cardíaco y eleva el nivel de azúcar en sangre. En mujeres embarazadas, niños y adolescentes, el peligro es mayor: puede dañar un cerebro en desarrollo y afectar la memoria, la atención y el control de los impulsos.
“Aún desconocemos fehacientemente qué efectos tendrán estos productos en la población, porque su consumo es reciente pero está en constante crecimiento. Con el tabaco siempre vamos atrás, tarde, y tardamos mucho en darnos cuenta de los efectos”, reflexiona Buljubasich.
Si con el cigarrillo convencional pasaron décadas hasta establecer su vínculo con el cáncer, con los cigarrillos electrónicos el daño se evidenció más rápido, especialmente por los cuadros de enfermedad pulmonar grave registrados en jóvenes. Con las bolsitas de nicotina, el panorama recién comienza a vislumbrarse: lesiones en la cavidad bucal, adicción temprana y una puerta de entrada a otras sustancias.
Un vacío legal que las ampara
El principal problema, admiten los especialistas, es que la legislación corre detrás de la industria. En Argentina, la Ley 26.687 de control de tabaco regula la publicidad, el consumo y la venta de productos con tabaco, pero no menciona las bolsitas de nicotina. Al no estar tipificadas, pueden comercializarse libremente, incluso a menores de edad.
“Lo venden como producto sin tabaco, y ahí es donde debería legislarse. Cuando ellos instalan un producto, lo venden durante años y recién entonces viene la modificación de la ley. Para ese momento, ya tienen tres o cuatro innovaciones más”, advierte Buljubasich.
En Santa Fe, sin embargo, se busca avanzar. La Cámara de Diputados dio media sanción a un proyecto impulsado por la diputada Sonia Martorano que actualiza la legislación provincial e incorpora el vapeo y los cigarrillos electrónicos. Ahora se analiza sumar a las bolsitas de nicotina, para que queden “con nombre y apellido” en la norma.
¿Reducción de daños o nuevo mercado?
En el debate sobre adicciones suele aparecer el concepto de “reducción de daños”: ofrecer alternativas menos perjudiciales cuando la abstinencia no es viable. Pero en este caso, los especialistas son tajantes: no hay versión inocua de la nicotina.
“El tabaco es malo siempre. Todo lo que tiene que ver con nicotina es malo. La idea debería ser el no consumo de todas estas sustancias”, enfatiza Buljubasich.
El dilema persiste: el cigarrillo tradicional, cuyo daño está probado, sigue siendo legal. Pero las bolsitas de nicotina irrumpen con una ventaja adicional: su diseño las diluye en el universo de lo recreativo, lo inofensivo, lo casi inocente. Sin humo, sin combustión, sin olor. Con sabor.
La pregunta, entonces, excede lo sanitario: ¿cuánto tarda una sociedad en reconocer como problema algo que se presenta como golosina? Y mientras tanto, ¿cuántos adolescentes habrán probado ya su primera dosis sin saber que estaban dando el primer paso hacia una adicción?

